Entradas

Mostrando las entradas de 2018

Al ausente

Quiero verte todavía me haces falta No te quiero tanto en mi celular en personaje de realidad virtual Te quiero, sí en la calle en la casa en la mesa en la cama en persona como Dios manda El tiempo pasa y te vas tú y me voy yo Se va la vida (se va) y yo sin verte y tú sin verme haciendo falta

Seis cosas que antes no y ahora sí

Imagen
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Hoy quiero compartir con ustedes estas seis cosas que antes despreciaba y ahora me encantan.  1.  La yuca . No la valoré hasta que probé la yuca que comen los caleños, que es rucha por excelencia. Recuerdo la primera vez que vi un pedazo de yuca en un sancocho valluno, la ilusión con que mis pupilas se espepitaron, la alegría con que me lo llevé a la boca, alegría que se esfumó al sentir que no se deshacía, que me tocaba morder, masticar, y que a pesar de eso, no sabía igual, no era harinosa, no tenía sustancia.  En ese instante de tristeza y desilusión recordé las mañanas en la casa de mi abuela, en las que rechazaba la yuca que me ofrecía para desayunar porque no m e gustaba (no la había probado) y prefería comerme un pedazo de pan blanco, insípido, como ya sabemos que es. Intenté darle la oportunidad a la yuca valluna un par de veces más, hasta que me convencí de que eso no tenía sentido, pues nada habría de...

El día que (re)conocí a mi abuela Conso

Imagen
Cuando tenía un año y no sé cuántos meses, mi mamá, mi tía Ana, Camilo y yo fuimos a Quibdó con el fin de que yo conociera a mi familia chocoana y que ellos me conocieran a mí. Qué sorpresa para todo el mundo cuando Consolación Murillo de Lozano intentó cargarme y yo le respondí con un "abuela no", mientras que a mi abuelo, Cecilio Lozano, lo traté como si lo conociera de toda la vida. A mi mamá le dio pena, eso lo sé porque me lo ha dicho, y me la imagino pensando: "qué vergüenza con la señora Conso, va a creer que yo le he enseñado esas cosas a Alexa".  También me los imagino a todos tratando de convencerme de acercarme a mi abuela, mientras yo seguía respondiendo "abuela no". Yo me entiendo y no me juzgo... La única abuela que yo conocía hasta entonces era a la rubia Raquel Arrieta, con su blanca piel, su voz aguda y sus ojos claros. No iba a ser fácil a esa edad entender que "abuela" también significaba una mujer negra de ojos pequeños y...

Quemar las naves

Imagen
Hace cinco años, yo estaba recién llegada a Cali. Vivía con mi papá, mi prima y su hijo y me sentía bastante perdida en cuanto a lo que quería hacer con mi vida. Yo misma no entendía muy bien por qué me había venido para acá, a hacer qué o buscando qué.  La hora del almuerzo era el espacio imperdible de reunión familiar en el que  hablábamos de todo, desde las tareas de Sergio, que en ese entonces estaba en primero de primaria, hasta asuntos trascendentales como el futuro del país y lo que pasaría con nosotros cuando muriéramos.  Fue en una de esas tardes que mi papá me dijo que yo tenía que quemar las naves. Menos mal que me explicó de inmediato el significado de la expresión, porque yo no había entendido nada. "Quemar las naves" es decidirse a hacer algo sin mirar atrás. Es una expresión nacida de la guerra, cuando un general (Cortés, Alejandro Magno o quien fuera) ordenó a todo su ejercitó quemar sus barcos para que nadie pudiera huir y afrontara con fiereza l...

El día que rompí con Alberto Enrique

Imagen
Hace días llamé a Claro a cancelar el plan que tenía con ellos. Esa llamada, que quedó grabada y monitoreada por cuestiones de seguridad, significó un antes y un después para mí.  Resulta que cuando la primera asesora que me atendió supo que yo quería terminar el contrato porque en Claro son unos careros y ya estaba aburrida de regalarles mi plata, me mandó con otro joven que atendía a los "clientes preferenciales". Este muchacho, cuyo nombre no recuerdo, pero que para efectos de esta historia nombraré Alberto Enrique, resultó siendo quien despertara en mí un sentimiento que no conocía hasta entonces.  Alberto Enrique empezó indagando por qué quería dejar de tener el plan postpago y continuó haciéndome las preguntas que debía tener en su libreto de asesor de call center, para conocer mi situación como cliente y buscarle una solución. No sé en qué momento la conversación pasó a esto:  - Alexa, no entiendo por qué no te ofrecieron antes un plan mejor, si aquí h...

María Dolores (3)

Llegó el día del viaje.  María Luisa despertó a su hermana de la única forma en que ella sabía: haciéndole cosquillas en las axilas. María Dolores se bañó, se vistió y desayunó sin pronunciar palabra alguna. Tenía los ojos hinchados de llorar y la mirada perdida en sí misma de imaginar cosas para no aceptar que hoy tendría que volver. En toda la semana no fue capaz de expresar lo que pensaba o sentía y, al contrario, se había sumido más y más en sus cavilaciones con el paso de los días.  María Isabel, la madre, incapaz para tener conversaciones con ella por que no soportaba oír nada que fuera en contra de sus opiniones, asumió que la hija tenía municiones de droga escondidas para un año en el cuarto y como ella no podría ni siquiera oler eso, decidió dejar todo en manos de los terapeutas. María Dolores bajó sus maletas con ayuda de su hermana y no se despidió del cuarto ni de la casa, pues en su mente, se iba por fin de viaje por Suramérica, en ese viaje descubría lo ...

María Dolores (2)

Subió al cuarto sin haber probado el desayuno. Puso el seguro en la puerta y se tiró en la cama boca abajo, una pierna estirada y la otra flexionada, las manos dentro del pelo, los ojos bien abiertos sin mirar hacia ningún lugar en especial. María Dolores ya no estaba ahí.  Por su mente pasaban cosas que nadie sabría nunca porque ella no las contaría. En ese momento estaba viendo la película de su vida soñada, esa en la que el pasaje que tenía la llevaba fuera del país, directo a una ciudad antigua en la que conocía gente nueva, aprendía otro idioma, compraba diccionarios, estudiaba, leía, tomaba café y era feliz. Se veía a sí misma yendo al cine, a ver películas sin subtítulos en un idioma que no terminaba de aprender. A la salida del cine se encontraba un gato, a veces un conejo (le hacía variaciones a la historia), lo recogía y lo llevaba a su apartamento.  María Dolores se imaginaba una vida en la que todo le llegaba a la puerta de la casa, en la que no tenía que ...

María Dolores (1)

A María Dolores no le gustaba su vida. No le gustaba ser ella. No le gustaba nada. Vivía soñando día y noche con ser diferente, con ser otra persona, con irse de donde estaba, tener otro nombre, cambiarlo todo y no vivir su realidad.  De sí misma había un par de cosas que sí le gustaban, como cuando decía que se llamaba Malo y la gente ponía cara de susto y lo bonito que se veía su pecho cuando usaba blusas con escote redondo. Sí, eso le gustaba, pero el resto lo despreciaba y no sabía por qué.  Cuando tenía seis años, en clase de español, le enseñaron lo que era un diccionario y cómo usarlo. María Dolores quedó fascinada pues pensó que ahí encontraría las respuestas a todas sus preguntas.  "Vida: Del lat.  vita. 1. f. Fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee.  2. f. Energía de los seres orgánicos.  3. f. Hecho de estar vivo.  4. f. Existencia de seres vivos en un lugar.  5. f....

De los Ángeles

Ayer se me perdió la billetera. Ayer un taxista, llamado Eduardo, la encontró. Perderla fue la estocada final de una serie de eventos frustrantes. Que Eduardo la encontrara, llamara a todos los teléfonos de las tarjetas que había en ella para tratar de ubicarme y, finalmente, me la devolviera, me hizo tanto bien como si hubiera estado toda una mañana en La Boquilla disfrutando del mar. La solidaridad, como sea que se manifieste, es un abrazo que calma y tranquiliza. Lo sé, porque así me sentí al saber que alguien estaba siendo solidario conmigo. Ver que un extraño se pusiera en mis zapatos me hizo volver a pensar en ese Amor que gobierna todo lo que existe y que siempre está, pero que a veces, por estar metidos en nuestra burbuja de infelicidad no queremos ver. La cachetada más grande fue que, por encima de mi amargura voluntaria, ese Amor estuvo ahí, cuidándome, protegiéndome, ayudándome. Hoy pienso en mi mamá y en cómo se preocupó la primera vez que perdí la cédula, ...