¡Hombres!
Yo no era de las mujeres que dicen con rabia "todos los hombres son iguales". Cuando mis amigas empezaban a repetir esa frase en las conversaciones, me quedaba callada porque no estaba de acuerdo. No recuerdo haberla dicho ni siquiera cuando estaba ardida por mis fracasos amorosos. Yo no usaba esa expresión hasta que vine a vivir con mi papá. Mi papá se crió en una de esas familias en las que la casa parece siempre un hotel. Desde hace más de sesenta años, los Lozano Murillo reciben las visitas de familiares y amigos con dedicación y esmero. Cuando mi papá era niño, mis abuelos hacían que los hijos durmieran en el piso para darle las camas a los visitantes. Mi papá quedó con la hospitalidad grabada en el alma, pero hizo un avance al destinar en su casa un cuarto para los huéspedes y que así los hijos no tuvieran que dormir en el suelo. Desde que estoy aquí, el cuarto ha sido usado tanto por hombres como mujeres y casi todo ha estado bien. El único problema, que...