El día que (re)conocí a mi abuela Conso

Cuando tenía un año y no sé cuántos meses, mi mamá, mi tía Ana, Camilo y yo fuimos a Quibdó con el fin de que yo conociera a mi familia chocoana y que ellos me conocieran a mí. Qué sorpresa para todo el mundo cuando Consolación Murillo de Lozano intentó cargarme y yo le respondí con un "abuela no", mientras que a mi abuelo, Cecilio Lozano, lo traté como si lo conociera de toda la vida. A mi mamá le dio pena, eso lo sé porque me lo ha dicho, y me la imagino pensando: "qué vergüenza con la señora Conso, va a creer que yo le he enseñado esas cosas a Alexa".  También me los imagino a todos tratando de convencerme de acercarme a mi abuela, mientras yo seguía respondiendo "abuela no".

Yo me entiendo y no me juzgo... La única abuela que yo conocía hasta entonces era a la rubia Raquel Arrieta, con su blanca piel, su voz aguda y sus ojos claros. No iba a ser fácil a esa edad entender que "abuela" también significaba una mujer negra de ojos pequeños y oscuros, de hablar grave y pausado.

Por eso este día fue tan importante para mí. De repente mi mamá me dijo que escogiera unas mudas de ropa, que mi papá estaba en Montería con mi abuela y me había mandado a llamar. Yo ya tenía diez años y ya me sabía la historia del "abuela no". Ya había hablado muchas veces con ella por teléfono y también le había enviado cartas contándole de mi vida (mi mamá no me alcahueteó la patanería de negar a mi abuela y se encargó de que yo mantuviera una relación con ella). Yo sabía que mi abuela era maestra y que en todo el Chocó le decían "tía Conso", pero hasta ese momento no tenía ninguna imagen de ella en mi mente, ni siquiera tenía fotos a su lado.

Yo ese día estaba feliz, contenta de poder por fin asociar su voz a una cara. Ella me recibió con dulzura, lo mismo que mis tías Lucy y Nora, a quienes veía por primera vez en la vida. Tía Conso, sonriente, me repitió muchas veces el "abuela no" y yo le dije "abuela sí". Me senté en sus piernas, la vi interactuar con mi papá, su hijo tan querido, fue una visita que empezó de día y  terminó de noche y de la que quedaron varias fotos.

De ahí en adelante la vi con más frecuencia y terminé de crecer con la fortuna de saber quiénes eran mis cuatro abuelos, de conocerlos y compartir con todos ellos. Mi abuela Conso, con su talento para sacar chiste de todo, me siguió molestando con el "abuela no", me contó historias de su niñez y su juventud, la oí cantar, la vi bailar, ganar y perder en el dominó y extraer la leche de Milpesos, sentada en el patio de su casa, mientras en la cocina sus hijos echaban cuentos y reían.

Conocerla y reconocerla cambió mi vida. Me ayudó a entender quién soy y de dónde vengo, por qué hablo como hablo, por qué pienso como pienso. La maestra Conso, la matrona de su familia, dejó el cuerpo hace pocos meses, dejó huella en varias generaciones en todo su departamento, dejó amor en mi corazón. Gracias a la vida que me la dio y me permitió superar el "abuela no".

Comentarios

  1. Hermoso pri.
    Gracias por mantenerla viva.
    Gracias por hablar de ella.
    Me robaste unas lágrimas.
    Gracias, gracias, gracias.

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  2. Prima querida, apenas ahora veo ese comentario... Lo que leíste salió directo de mi corazón que sabe que ella sigue estando ahí! <3

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