Devaneo
Cierro los ojos y nos veo: tú y yo, sentados uno al lado del otro, como siempre ha sido. Tú, medio en lo tuyo y yo, medio en lo mío. Hablamos, nos reímos, volteo a verte y estás mirando la pantalla. Seguimos hablando. Siento tus ojos en dirección a mí, pero no dejo de ver el celular y así duramos minutos, que se convierten en horas, días, meses, años. Siete. Te digo que me voy, que ya es hora. En realidad, no hay una hora para irme, si quiero, me quedo y a ti no te molesta. Me levanto y agarro mi bolso. Me dices que me cuide, que todavía no me muera. Me acerco para darte un beso en el cachete y te quito una pelusa de la oreja. En ese instante vuelvo a ver tus ojos cafés, grandes, de almendra, tus pestañas, tu nariz y el nuevo barro de tu mejilla izquierda, tu boca. Te beso y me abrazas. No me aguanto las ganas y ahí va un beso en la boca, un pico, más bien. Me levanto como si nada, agarro el vaso que había dejado en la mesa y lo llevo a la cocina. Siento que...