María Dolores (3)

Llegó el día del viaje. 

María Luisa despertó a su hermana de la única forma en que ella sabía: haciéndole cosquillas en las axilas. María Dolores se bañó, se vistió y desayunó sin pronunciar palabra alguna. Tenía los ojos hinchados de llorar y la mirada perdida en sí misma de imaginar cosas para no aceptar que hoy tendría que volver. En toda la semana no fue capaz de expresar lo que pensaba o sentía y, al contrario, se había sumido más y más en sus cavilaciones con el paso de los días. María Isabel, la madre, incapaz para tener conversaciones con ella por que no soportaba oír nada que fuera en contra de sus opiniones, asumió que la hija tenía municiones de droga escondidas para un año en el cuarto y como ella no podría ni siquiera oler eso, decidió dejar todo en manos de los terapeutas.

María Dolores bajó sus maletas con ayuda de su hermana y no se despidió del cuarto ni de la casa, pues en su mente, se iba por fin de viaje por Suramérica, en ese viaje descubría lo que quería hacer con su vida y se volvía multimillonaria. Con todo el dinero que ganaba, construía escuelas y hospitales para la gente pobre y luego de muchos años de trabajo por el bien de la gente, era nominada al premio Nobel de la Paz. Estaba metida en su mente y sin embargo, oía las indicaciones de su madre y las seguía como una autómata. Fue así que se subió al taxi que las llevaría al aeropuerto y no se dio cuenta de la inyección que el enfermero que hacía de conductor le puso para calmarla. 

María Dolores cayó dormida en el asiento de atrás del carro y así fue llevada al centro de rehabilitación para drogadictos que su mamá le había empezado a pagar. 

Cuando despertó, se vio en una cama de hospital, en un cuarto muy diferente al suyo, con olores extraños que le dieron náuseas. Una enfermera entró a saludarla y a preguntarle cómo se sentía sin obtener respuesta. María Dolores no entendía lo que pasaba, pero prefirió no hablar, no preguntar. 

Se quedó en ese sitio sin recibir noticias de su familia. Nunca volvió a hablar, porque al estar sola, decidió vivir la vida que quería, para siempre en su mente, sin que nadie supiera nunca lo que deseaba y soñaba. Los médicos le hicieron exámenes y al saber que estaba limpia, que no consumía nada, le dijeron que la devolverían a su casa, pero no encontraron la forma de hacerla bajar de la cama, por lo que decidieron quedarse con ella y cobrarle para siempre la mensualidad a su mamá. 

Fin. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Carta abierta al vale de la diatriba

Manifiesto

Independencia