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Quiero ir a Cartagena

Quiero ir a Cartagena.  Caminar sus calles, las del Recreo y del Almirante Colón. Comerme unos fritos donde la Chiqui, pelear con los pocos sparrings que quedan. Saludar a Carmen, la de la tienda, y darle cuerda para que salga con sus ocurrencias, decirle que todo lo vende muy caro y abrazarla con la mirada.  Quiero ir al centro y bailar mal la cumbia de los de la plaza, despertarme con el grito del vendedor de bollo y mandar a callar a los que pasen con megáfono, enmochilándome los cuentos.  Sentarme en el balcón de mi abuela y ver el atardecer interrumpido por el edificio del frente. Decirle "ajá, así es" al mototaxi, aunque no oiga nada por la bulla de las mariamulatas de Santa Lucía.  Quiero ver si sigue el trancón de La Plazuela y taparme la nariz en la Avenida del Lago. Atravesar el Caribe Plaza para coger aire acondicionado, contar los nuevos centros comerciales innecesarios.  Quiero abrazar a mi abuelo, pellizcar a mi abuela, caminar con las niñas, abraz...

Rastro

Hay un olor a orín de gato está en la nevera, en el cable, en los trapos es un souvenir de tu presencia extinta en mi vida          que vacía quedó hace rato Tú te fuiste de madrugada, embuste te fuiste al alba me gritaste que te dejara me dejaste abandonada a mí misma, que no está mal sin poder verte en la ventana al llegar a casa, cansada Ya no están tus pelos en mi ropa tus huellas, de las paredes borradas no hay mordiscos en el colchón       ni arena regada Sólo un rastro, una pista que no me conduce a nada sólo la certeza de que no está la que antes estaba en las ollas y en los platos hay un olor a orín de gato