Un ser importante
Ella todavía me carga, me pechicha y me canta. Cuando paso mucho tiempo sin llamarla, me regaña, pero siempre me perdona y su sincera alegría al oírme, es agüita fresca que calma mi sed de Cartagena. Ella es la historia de mi familia, la matrona de una casa que sin ella pierde todo. Así sea que sólo vaya a misa, su ausencia a todos nos marca, aunque algunos no lo reconozcan. Cuando ella está alegre, todos disfrutamos y cuando no... Por ella nos unimos, por ella celebramos, a ella acudimos siempre y con ella lloramos. Con su perspicacia y vivacidad, abre los ojos de quienes a ella nos acercamos, librándonos de problemas cuando la sabemos escuchar y nos dejamos guiar por su intuición. Su amor no es cualquier cosa, pues no ama como la gente normal. Ella lo demuestra con la comida (benditos somos los que la hemos probado), en su cara roja de rabia cuando alguien nos ataca, en su angustia y en el miedo que no ha aprendido a manejar cuando sabe que algo nos puede pasar. Su ...