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Mostrando las entradas de 2016

¡Ay, Manola!

Manola* trabaja coordinando el área de música de la Institución Pilar de la Cultura**. Se dice, no me consta, que ella es egresada de este lugar. Se dice, no me consta, que debe estar en la oficina, de lunes a viernes, de 6:30 de la tarde a 9 de la noche para atender las necesidades de los estudiantes y profesores, o por lo menos, para coordinar el área. Se dice, no me consta, que trabaja en pro del desarrollo de los estudiantes y del área de música en sí.  Manola tiene un grave problema: no tiene ni puta idea de lo que es la comunicación. Uno le manda mensajes escritos a Uatsá y ella responde con notas de voz. Una vez un salón le mandó una carta y ella respondió con una reunión, en la que, entre otras cosas, les dijo a los estudiantes que ellos estaban en la IPiCú sólo para ir a las clases de música y que no tenían por qué pensar en más.  A la representante de ese salón, le tocó explicarle que por decencia y por estar en una entidad del Estado, cua...

César el Mejor

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Mi abuelo está en la clínica y no es culpa mía. Está vivo todavía y tampoco tengo la culpa. No sé si lo volveré a ver y eso no me gusta.  De mi abuelo casi no hablo y no es porque no lo quiera. Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero ese tampoco es el caso. Yo siempre he sabido el abuelo que tengo.  Cuando era niña, lo veía como un señor muy culto y serio por su manera de hablar y porque siempre que le preguntaba algo me respondía con un "búsquelo en el diccionario". Cuando fui creciendo y conociéndolo, me fui dando cuenta de que esa seriedad era sólo de papel, pues mi abuelo es un chiste y entonces, me lo gocé.  Me encantaba verlo dormido frente al televisor (¿a quién no le gusta eso de sus abuelos?), pero me gustaba más cuando mi abuela lo regañaba y lo mandaba a dormir al cuarto y él, muy calmo, se despertaba, la oía y se volvía a dormir en la mecedora como si no hubiera pasado nada.  Un día le pregunté: abuelo, cuando ustedes ...

Devaneo

Cierro los ojos y nos veo: tú y yo, sentados uno al lado del otro, como siempre ha sido. Tú, medio en lo tuyo y yo, medio en lo mío. Hablamos, nos reímos, volteo a verte y estás mirando la pantalla. Seguimos hablando. Siento tus ojos en dirección a mí, pero no dejo de ver el celular y así duramos minutos, que se convierten en horas, días, meses, años.  Siete.  Te digo que me voy, que ya es hora. En realidad, no hay una hora para irme, si quiero, me quedo y a ti no te molesta. Me levanto y agarro mi bolso. Me dices que me cuide, que todavía no me muera. Me acerco para darte un beso en el cachete y te quito una pelusa de la oreja. En ese instante vuelvo a ver tus ojos cafés, grandes, de almendra, tus pestañas, tu nariz y el nuevo barro de tu mejilla izquierda, tu boca. Te beso y me abrazas. No me aguanto las ganas y ahí va un beso en la boca, un pico, más bien.  Me levanto como si nada, agarro el vaso que había dejado en la mesa y lo llevo a la cocina. Siento que...

Por ti

Me desperté en la madrugada no pude seguir durmiendo y no fue por ti Al recordar lo que soñé  me llevé la mano al corazón y no fue por ti Hice una oración le pedí mucho a Dios y no fue por ti Miré mi celular sonreí viendo la pantalla y no fue por ti Me quedé un buen rato en la cama dando vueltas para poder dormir pero no era por ti Ya de día salí de casa volví contenta, con alegría en la cara que no era por ti Otro día di gracias a la vida que tanto me daba, por lo que tenía pero no por ti Si hoy me preguntan  digo que sí, me siento feliz y no es por ti

Tenemos que hablar

Estoy molesta, tengo cola, me volaron el bló. ¿Quieres saber por qué? El fin de semana pasado se popularizaron dos videos hechos por pelaos de barrios populares de mi ciudad. Éstos han dado mucho de qué hablar y como siempre ha habido quien hable de más y que lo haga simplemente por hablar. Pero, Alexa, ¿de quién estás hablando? -te preguntarás. Hablo del vale Javier Julio Bejarano, quien grabó un video diciendo que a estos muchachos hay que censurarlos, que hay que aportar a la ciudad compartiendo lo bueno, lo edificante y no esos videos que pueden dañar "nuestras" futuras generaciones.  Anda, Ale, pero yo no veo cuál es el problema, ¿qué tiene eso de malo? -me dirás. Pues tiene mucho de malo y te voy a explicar: En primer lugar, entiendo que él habla desde sus saberes, valores, creencias, etc., con la noble intención de ayudar en la construcción de ciudad y eso no puedo decir que esté mal.  ¿Dónde veo el problema? En que él y su discurso lo que hacen es...

Un ser importante

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Ella todavía me carga, me pechicha y me canta. Cuando paso mucho tiempo sin llamarla, me regaña, pero siempre me perdona y su sincera alegría al oírme, es agüita fresca que calma mi sed de Cartagena. Ella es la historia de mi familia, la matrona de una casa que sin ella pierde todo. Así sea que sólo vaya a misa, su ausencia a todos nos marca, aunque algunos no lo reconozcan. Cuando ella está alegre, todos disfrutamos y cuando no... Por ella nos unimos, por ella celebramos, a ella acudimos siempre y con ella lloramos. Con su perspicacia y vivacidad, abre los ojos de quienes a ella nos acercamos,  librándonos de problemas cuando la sabemos escuchar y nos dejamos guiar por su intuición. Su amor no es cualquier cosa, pues no ama como la gente normal. Ella lo demuestra con la comida (benditos somos los que la hemos probado), en su cara roja de rabia cuando alguien nos ataca, en su angustia y en el miedo que no ha aprendido a manejar cuando sabe que algo nos puede pasar. Su ...

"Loca"

1. Son las doce y cincuenta y dos de la tarde. El restaurante de don Pachito está lleno como siempre. Hoy ofrecen sobrebarriga en salsa, carne asada, chuleta de cerdo y filete de pollo; de "principio", frijoles y garbanzos, todo por los mismos seis mil pesos del año pasado.  Los clientes almuerzan tranquilos, comentando lo que ven en el noticiero y quejándose del calor que la lluvia, en vez de llevarse, alborota. Una mesera le quita el plato de la mesa a un hombre porque se equivocó y ese no es el de él. En la puerta, una mujer llama a don Pachito, lo bendice, le agradece todo lo que él ha hecho por ella. Todos la oyen, pero nadie sale a atenderla.  Ella lleva un vestido largo y azul con estampado de flores, recogido a la altura de la cadera por una cuerda café. Su pelo está trenzado y alborotado a la vez, como pidiendo cambio de peinado. Mueve las manos al hablar y para defenderse de los meseros que han venido a cargarla para llevarla a otro lugar, cuando ella lo qu...