Entradas

Mostrando las entradas de enero, 2015

Preto

Preto es negro, tanto como su nombre. Tiene los ojos color marrón "dame comida" y un lunar blanco en el pecho para conquistar. A él le gusta comer comida, basura y pan. Nunca mastica, a menos que sea estrictamente necesario y cuando está lleno, se echa sus peos. Es callejero de nacimiento. Andundero, un negro liberto. Nunca pide permiso para salir, es solo que alguien abra la puerta y ahí va Preto ansioso hacia la libertad. Se ha recorrido todo San Antonio, y un día llegó hasta más allá del zoológico. Encontró un río cerca del Aguacatal pero no se metió porque no sabía nadar y para rematar, el agua estaba fría. Sin embargo lo metieron y como venganza, se sacudió, salpicando al insolente. Les tiene miedo a los niños, más aún a los bebés. A veces parece que los odia porque le quitan protagonismo y les saca los dientes; pero cuando lo regañan, empieza a chillar. Y chilla mucho, con voz de niña, de bebecita recién nacida. Sólo se calma si lo acarician o si le dan pan. Po...

Cuando una amiga se va

¿Qué hacer cuando una amiga se va? Acompañarla hasta la puerta del taxi, del bus, de la sala de espera del aeropuerto o hasta donde se pueda, con el corazón lleno de agujeros que quedarán siempre ahí, esperando que ella te hable, te escriba o quizás te visite para llenarlos y abrirse nuevamente, cuando ella se vuelva a ir. Ayudarla a hacer la maleta. Llenársela de bobadas, de regalos, de cartas con globos y corazones; de promesas de amistad eterna, de la ropa que siempre quiso y solo ahora se la quieres dar, de agradecimiento por todas las risas y las lágrimas, por las fiestas y los trancones en su compañía física o a través del celular. Y seguir llenando la maleta de recuerdos, los de toda la vida, de unos años o meses, los de ese simple instante en que nació la amistad, cuando nadie te notaba, cuando sentías que estabas sola y apareció ella, enviada, protectora, a cuidarte como nunca y sacarte del hueco en el que estabas, compartiendo su luz contigo. Sentarte con ell...

Sin Planes

A los 15 años hice mi proyecto de vida. Lo recuerdo sobre todo porque éste llegaba hasta los 22 y según yo, después de esa edad en la que todo estaría conforme el plan, haría uno nuevo.  Debía primero terminar la universidad y a la vez estudiar francés y música. Como iba a ser la mejor estudiante de la carrera, me iba a ganar una beca para ir a Francia a hacer una maestría en algo -lo que fuera- y a mis 22 años estaría becada y en París, leyendo el periódico mientras tomaba café.  Los que me conocen, saben que eso no fue así. Nunca fui realmente tan estudiosa como para esforzarme por sacar el primer puesto, o un promedio superior a 4.5; tampoco tenía la voluntad para cambiar el piano y la siesta vespertina por repasar lo estudiado por la mañana y mucho menos, me trasnochaba haciendo trabajos.  Al llegar a los 20 y darme cuenta de que nada estaba saliendo según lo planeado -pues, de todo lo que había previsto, sólo logré terminar la carrera y estudiar franc...