El día que rompí con Alberto Enrique
Hace días llamé a Claro a cancelar el plan que tenía con ellos. Esa llamada, que quedó grabada y monitoreada por cuestiones de seguridad, significó un antes y un después para mí.
Resulta que cuando la primera asesora que me atendió supo que yo quería terminar el contrato porque en Claro son unos careros y ya estaba aburrida de regalarles mi plata, me mandó con otro joven que atendía a los "clientes preferenciales". Este muchacho, cuyo nombre no recuerdo, pero que para efectos de esta historia nombraré Alberto Enrique, resultó siendo quien despertara en mí un sentimiento que no conocía hasta entonces.
Alberto Enrique empezó indagando por qué quería dejar de tener el plan postpago y continuó haciéndome las preguntas que debía tener en su libreto de asesor de call center, para conocer mi situación como cliente y buscarle una solución. No sé en qué momento la conversación pasó a esto:
- Alexa, no entiendo por qué no te ofrecieron antes un plan mejor, si aquí hay muchas opciones para ti...
- Yo tampoco lo entiendo...
- Bueno, pero mira, aquí tenemos un plan de 193781 Gigas de navegación, con 450893 minutos, 3000000 mensajes de texto y 50 elegidos a todo operador, por sólo 46mil pesos para ti, porque eres cliente preferencial
- Bueno, pero ya no me interesa.
- Pero es que mira Alexa, te puedo ofrecer otra cosa, ¿qué quieres?
- Nada, quiero cancelar el plan postpago y ya.
- Pero ¿por qué? si podemos resolver de alguna forma, escucha, tengo otros planes que te pueden interesar...
- Bueno, cuéntame para igual decirte que no.
- No me vayas a decir que no sin antes escuchar, mira, te tengo el plan...
Lo dejé hablar y lo oí sin prestarle atención, porque me puse a pensar en cómo a Claro nunca le importé, nunca le interesó que me sintiera bien, pero sí tenía un protocolo de reacción para evitar a toda costa que yo cancelara el contrato y me fuera a otra empresa. Alberto Enrique me ofreció Gigas de navegación, minutos, planes exclusivos para "clientes preferenciales" y siguió preguntándome por qué no aceptaba, por qué insistía en irme. No sé si se dio cuenta de que yo me sentía como si le estuviera terminando:
-Alexa, ¿qué puedo hacer para que te quedes?
-Nada, Alberto Enrique, ya no hay nada que puedas hacer.
-No me parece justo Alexa, si te estoy ofreciendo todo lo que tengo, no quiero que te vayas así, ¿qué más quieres que haga?- en este punto de la conversación, empezaba a sonar desesperado.
-Entiende que ya no quiero nada, no quiero saber más de ti, yo ya me aburrí, llevo mucho tiempo en las mismas y ya no quiero nada contigo...
-Pero, ¿por qué? yo sé que hay una solución, déjame contarte...
-¡NO! Detente, no me cuentes nada, ya no quiero oírte más. Me parece el colmo que mientras estuve ahí no me ofrecieras nada mejor, que esperaras hasta que yo dijera "no más" para ahí sí espabilarte y ofrecer un cambio; pero, de verdad, ya no me interesa, porque yo sé que así te diga que sí, todo va a seguir siendo igual, voy a seguir sintiendo que me robas y que eso mismo que me ofreces tú me lo puede dar otro sin yo tener que dar tanto...
- Alexa, por favor- me interrumpió.
Ya en ese momento yo estaba aburrida, llevábamos hablando más de veinte minutos y ninguno conseguía lo que quería, pero yo no estaba dispuesta a dejar que me ganara. Él seguía insistiendo en que me quedara y yo, aunque segura de mi decisión, escuchaba esa voz interior que me decía que lo dejara hablar, a ver si me ofrecía algo que me gustara mucho y le daba otra oportunidad. Eso, amiguis que me leen, fue mi gran descubrimiento de la llamada.
Pude ver claramente por qué para mí es tan difícil cerrar ciclos, acabar con las cosas y situaciones que me hacen daño. Porque aún le doy cabida a esa voz, que me incita al autosabotaje, que me dice que espere pues todavía puedo aguantar un poquito más, que no es tan malo lo que me pasa, cuando en realidad son cosas que no tendría por qué soportar.
Hablar con Alberto Enrique y jugar a que él era ese hombre que no me amaba, me ponía cachos y me maltrataba y al que por fin me decidía a dejar, fue toda una revelación. Hasta ese día, yo no sabía lo que era que un hombre me rogara, pero nunca lo necesité, porque yo solita me hacía las ofertas de planes mejores, con más Gigas y más minutos, por el mismo precio o pagando un poco más, pero viendo todos los "grandes beneficios", en vez de darle importancia al hecho de que seguir así no me hacía feliz.
Puede que peque de novelera, pero así funciono y aprendo, por eso sé que de ahora en adelante, mi nuevo dicho será "si pude terminar con Alberto Enrique, puedo terminar con esto" y pa'lante. #SeWeAsí
I can see clearly now, the rain is goneeeee!!

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