Fiebre de sábado de Petronio (1)
A las 10 de la mañana, cuadras con tus compinches cómo será el día. A qué hora se verán, dónde, cómo harán para entrar al VIP del concierto y qué vendrá después del festival. A la una o a las dos, lo importante es encontrarse allá. Llegas a las Canchas Panamericanas en lo que puedas, carro, moto, bicicleta, una Ermita 5 o la P27C del Mío, no importa. Caminas, saludas a los que te encuentras por ahí. Ves una fila y te metes en ella; cuando notas que es la de los hombres y que la de las mujeres es cincuenta veces más corta, te alegras genuinamente porque por lo menos para hacer fila tiene ventaja ser mujer. Cuando llegas donde la policía, ya tienes el bolso abierto para que no desconfíe y, de paso, no se pille el dulce o el mecato que llevas encaletado. Por fin, entras al complejo deportivo. Te recibe el grupo de marimba de la tarima más pequeña, esa que está debajo de un árbol. La ola de gente te ayuda a caminar, mientras buscas entre los afros y turba...