César el Mejor

Mi abuelo está en la clínica y no es culpa mía. Está vivo todavía y tampoco tengo la culpa. No sé si lo volveré a ver y eso no me gusta. 

De mi abuelo casi no hablo y no es porque no lo quiera. Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero ese tampoco es el caso. Yo siempre he sabido el abuelo que tengo. 

Cuando era niña, lo veía como un señor muy culto y serio por su manera de hablar y porque siempre que le preguntaba algo me respondía con un "búsquelo en el diccionario". Cuando fui creciendo y conociéndolo, me fui dando cuenta de que esa seriedad era sólo de papel, pues mi abuelo es un chiste y entonces, me lo gocé. 

Me encantaba verlo dormido frente al televisor (¿a quién no le gusta eso de sus abuelos?), pero me gustaba más cuando mi abuela lo regañaba y lo mandaba a dormir al cuarto y él, muy calmo, se despertaba, la oía y se volvía a dormir en la mecedora como si no hubiera pasado nada. 

Un día le pregunté: abuelo, cuando ustedes se casaron ¿mi abuela era bonita?- y sin dudar respondió que sí, para luego agregar "pero más bonito era yo". 

Hubo una época en la que para él todo era bueno y antes de probar la comida -la que fuera- decía "uy, esto es bueno", yo le respondía que cómo sabía si no la había probado y él insistía en que "era bueno". Cosas tan sencillas, me hacían morir de la risa. Cada saludo, cada imprudencia, cada mezcla de nombres era una abuelada. Hasta que llegó el día en que por un error que cometió, quedó apodado como "César el Mejor". 

Mi abuelo es un niño viejo, que ama las almendras, el helado y las fiestas con globos. Ama la música y su violín, los danzones y que yo toque piano. Cuando era joven cantó música lírica, lo sé porque me lo contó un día que íbamos en el carro oyendo la U de C Radio. Su vibrato no tiene igual. No hay bolero que yo escuche sin recordarlo a él. 

Siempre ha estado orgulloso de mí, con o sin razón. Yo no tanto de él, porque los hijos y los nietos exigimos más de los que ya nos han dado todo. Y sólo de eso me arrepiento, de juzgarlo más de lo que lo he perdonado. 

Por mi abuelo, me gustan las almendras. Por él, siempre supe en el fondo de mí que mi pelo no estaba mal. Gracias a él le cogí la mala a Uribe y también sé que debo estudiar cada día más.

No me gusta que esté enfermo, porque las personas que nunca se enferman (como él), el día que les da, les da. Pero sé que, pase lo que pase, él me quiere tanto como yo a él y le agradezco el haberme querido, apoyado, cuidado, cantado. De verdad que él es el mejor. 

"Hoy todo es amargura para mi corazón..."

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Carta abierta al vale de la diatriba

Manifiesto

Independencia