Un ser importante

Ella todavía me carga, me pechicha y me canta. Cuando paso mucho tiempo sin llamarla, me regaña, pero siempre me perdona y su sincera alegría al oírme, es agüita fresca que calma mi sed de Cartagena.

Ella es la historia de mi familia, la matrona de una casa que sin ella pierde todo. Así sea que sólo vaya a misa, su ausencia a todos nos marca, aunque algunos no lo reconozcan. Cuando ella está alegre, todos disfrutamos y cuando no... Por ella nos unimos, por ella celebramos, a ella acudimos siempre y con ella lloramos.

Con su perspicacia y vivacidad, abre los ojos de quienes a ella nos acercamos,  librándonos de problemas cuando la sabemos escuchar y nos dejamos guiar por su intuición.

Su amor no es cualquier cosa, pues no ama como la gente normal. Ella lo demuestra con la comida (benditos somos los que la hemos probado), en su cara roja de rabia cuando alguien nos ataca, en su angustia y en el miedo que no ha aprendido a manejar cuando sabe que algo nos puede pasar.

Su amor está en su humor, en sus dichos y sus repelencias, que no es bueno repetirlas porque sólo le lucen a ella.

Es lindo ver cuando deja caer todas las máscaras y se muestra tal como es, feliz al asistir a un buen concierto, riéndose y molestando a las nietas más chiquitas, como si ella fuera una más entre las niñas.

Su elegancia es natural, nadie se viste ni camina como ella. Siempre está lista para lo que la inviten y va a todas partes aunque nunca dice: "sí, vamos, dale".

Canta, baila, lee, piensa y critica. No se deja engañar por nadie y en cambio descubre las intenciones de las personas con sólo verlas y sin ella misma darse cuenta.

Si hay alguien a quien yo extraño es a ella. Es por quien me duele no estar en mi tierra, pero es también quien me impulsa a trabajar por ser alguien de servicio. Ver su cara de alegría por mis logros y saber que la honro, es un motivo para mí.

Soy afortunada de tenerla en mi vida, de haber sido arrullada por ella, de haber sido regañada por ella. Y escribo esto por aquí, porque es bueno que sepan que en este mundo sí hay gente de servicio, que una de ellas es mi tesoro y pueden hacer fila y pedir cita para conocerla.

Con ustedes, Raquel Francisca Arrieta Arrieta, alias "Mi abuela".

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