"Loca"
1. Son las doce y cincuenta y dos de la tarde. El restaurante de don Pachito está lleno como siempre. Hoy ofrecen sobrebarriga en salsa, carne asada, chuleta de cerdo y filete de pollo; de "principio", frijoles y garbanzos, todo por los mismos seis mil pesos del año pasado.
Los clientes almuerzan tranquilos, comentando lo que ven en el noticiero y quejándose del calor que la lluvia, en vez de llevarse, alborota. Una mesera le quita el plato de la mesa a un hombre porque se equivocó y ese no es el de él. En la puerta, una mujer llama a don Pachito, lo bendice, le agradece todo lo que él ha hecho por ella. Todos la oyen, pero nadie sale a atenderla.
Ella lleva un vestido largo y azul con estampado de flores, recogido a la altura de la cadera por una cuerda café. Su pelo está trenzado y alborotado a la vez, como pidiendo cambio de peinado. Mueve las manos al hablar y para defenderse de los meseros que han venido a cargarla para llevarla a otro lugar, cuando ella lo que quiere es hablar con don Pachito.
Lo que comienza siendo una lluvia de bendiciones a don Pachito, poco a poco se va transformando en un griterío en el que se mezclan los insultos de los meseros y las súplicas de ella "DON PACHITO, ¡AYÚDEME! NO SEA HIJUEPUTA, ¡AH! SUÉLTEME BOBO, NO ME TOQUE, DON PACHITO, TENGO HAMBRE, DON PACHITO, USTED ES EL ÚNICO QUE ME ATIENDE, QUE ME CUIDA, QUE ME TRATA BIEN, ¡QUE NO, CARAJO! TENGO HAMBRE, ¡AH! DON PACHITO, ¡AAAY!"
Dos hombres intentan agarrarla. Ella salta, corre, grita, les pega, da una vuelta en la punta de los pies y sigue "!DON PACHITO, QUE NO, HIJUEPUTAS, DÉJENME, DON PACHITO, AAAY¡". Alguien fuera del restaurante avisa a un policía, que llega corriendo al lugar, a perseguirla, amenazándola con el bolillo, pero ella corre en zig zag, salta otra vez, lo esquiva, hace una gambeta y vuelve a lo suyo. Por fin, el policía logra pegarle con el bolillo en una pierna, dirigiéndola hacia la avenida. Ella sigue zigzagueando, moviendo las manos cual alas. Se acerca a la vendedora de jugo de naranja, le pide un vaso, va a abrazarla para protegerse, pero la mujer se levanta corriendo de la silla y le grita que no, ella le devuelve un ¡AAAAY!.
De las cuatro mujeres que había en el paradero contiguo, tres salen corriendo, menos una, la más joven, que se queda sentada, viendo la escena y se sorprende cuando ve a la fugitiva a un solo paso de ella, "DOÑA LILA, DOÑA LILA". La muchacha no mueve el cuerpo, pero abre los ojos con miedo y se encuentra con los ojos de la perseguida, tan abiertos como los suyos. Se asombra de ver una cara joven, de ojos grandes y café oscuros, una boca con todos los dientes, que al gritar sonríen, demostrando que no siente miedo por nada y que no se va a dejar atrapar.
En un instante, la que está sentada reacciona y se levanta para esquivar los brazos de la otra, que sigue con su huida bailada, saltada, corrida, jugada. El policía no la alcanza, porque ella dobla en la esquina hacia la derecha y se pierde de la vista de todos los presentes.
***
2. Un día, alguien le regaló una cobija. Esa fue una de las pocas cosas buenas que había recibido de esa sociedad de gente triste, hipócrita y sin corazón a la que ella siempre despreció, de la que se negó a formar parte y por la que hoy era rechazada. Iba con su cobija a todas partes, porque acababa de empezar la temporada de lluvia y las noches eran frías en esa bendita colina.
Ese sábado se cansó de caminar y decidió que dormiría al lado de una ventana anaranjada con azul. Le gustó el contraste que los colores hacían con la fachada blanca llena de manchas de esa casa.
Ya estaba lista para dormir cuando recordó que debía solucionar un asunto pendiente con un man, pero para eso, debía ir sin nada, debía dejar la cobija y la bolsa con sus pertenencias en un lugar seguro. Así que se sentó en el suelo a esperar. Después de unos quince minutos, vio que prendieron la luz de su ventana y que alguien desde adentro se acercaba a terminar de cerrar la parte superior de ésta.
- ¡Vea!
- ...
- Vea, responda... Vea, no cierre, ¿no va a dar la cara o qué?
- ¿Sí?- Era otra mujer.
- Ve, amiguita, yo esta noche voy a dormir aquí, ¿ok?
- Eh... sí.
- Bueno, mami, pero vea que tengo que ir a hacer una vuelta. ¿Usted me puede cuidar mi cobija y mis cositas pa que no me las roben?
- ...
- Vea, responda. Vea, hable ¿ya se murió o qué?
- Eh... sí, sí.
- Bueno amiguita, ¿usted me cuida mis cositas? Y vea mami, ¿será que usted tiene un pantalón y una blusa que me regale?
- Eh, no amiga, no tengo nada.
- ¿Y no tiene líquido para pasarme un pan?
- Tengo agua.
- No.
Vio que la silueta se alejaba y oyó que susurraba algo, mientras se perdía de su campo visual. Caminó hacia la otra ventana, que estaba entreabierta, vio que la mujer pasaba corriendo hacia la izquierda y cerraba una puerta.
- Vea, yo voy a tirar mi cobija ahí adentro, ¿oyó? voy a abrir la ventana y voy a meter mis cositas pa' que usted me las guarde, ¿sí? vea... vea...
Silencio del otro lado. Nada le molestaba más que no le respondieran cuando ella hablaba.
- Vea, ¿Qué hace? Respóndame, ¿Por qué no habla? ¿Qué le pasa?
- Eh, eh... estoy en el baño, sí.
- Bueno, entonces yo voy a abrir la ventana, ¿oyó amiguita? voy a abrir la ventana y meto mi cobija y una bolsa con mis cositas y usted me las cuida, ¿oyó, mami? Todo bien, ya vengo. ¿De verdad no tiene un pantalón y una blusa que me regale para cambiarme? Es que ya estoy muy sucia.
- Um... No, ya le dije que no tengo nada.
- Bueno, yo dejo mis cosas ¿oyó? me las cuida, ya vengo.
Prefirió llevarse su cobija y dejar sólo la bolsa dentro de la casa. Cerró la ventana. A la mañana siguiente, volvió a buscar su bolsa y la encontró en el suelo, al otro lado de la carretera. No dijo nada y subió la colina, cogió una piedra y bajó hasta el frente de la ventana. La lanzó con toda su fuerza, porque esa traidora tenía que aprender que uno no hace confiar a la gente, para después tirarle sus cosas a la calle como si fueran basura.
***
3. Ella sabe que él no la mira como mira a su celular. Hace dos años, un mes y trece días que están juntos. Ella lleva la cuenta. Nunca ha dejado de llevarla, así como también sabe que han peleado un promedio de cuatro veces por mes, terminando y volviendo cinco veces en todo este tiempo.
Ella sabe que él sonríe viendo su celular y con ella siempre está serio. Mira en silencio cómo él besa y les dice "te amo" a la perra y a los loros, mientras a ella apenas la abraza en público. Cuando se lo pide. Porque muere de frío. A ella le da rabia ver cómo él agarra el cojín cuando se queda dormido en el mueble frente a la televisión y le dan ganas de degollarlo cada vez que él dice chistes que ella no entiende y que él tampoco le explica.
Él le ha dicho que no sea intensa, que lo agobia con tanta llamadera. Ella se preocupa porque sabe que realmente no es así, que esa no es su personalidad. A veces le dan ganas de dejarlo y largarse. Dos veces lo hizo, pero no se aguantó y volvió a los pocos días. Él en cambio, cuando la deja, no vuelve a aparecer, hasta que ella lo llama y él la vuelve a aceptar, porque "es muy bueno con ella".
Antes de conocerlo, ella quería cambiarse de ciudad, estudiar fuera y ganar plata vendiendo accesorios por catálogo. Ahora sólo quiere que él se ría con ella, como lo hace con la vecina.
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