¡Ay, Manola!


Manola* trabaja coordinando el área de música de la Institución Pilar de la Cultura**. Se dice, no me consta, que ella es egresada de este lugar. Se dice, no me consta, que debe estar en la oficina, de lunes a viernes, de 6:30 de la tarde a 9 de la noche para atender las necesidades de los estudiantes y profesores, o por lo menos, para coordinar el área. Se dice, no me consta, que trabaja en pro del desarrollo de los estudiantes y del área de música en sí. 

Manola tiene un grave problema: no tiene ni puta idea de lo que es la comunicación. Uno le manda mensajes escritos a Uatsá y ella responde con notas de voz. Una vez un salón le mandó una carta y ella respondió con una reunión, en la que, entre otras cosas, les dijo a los estudiantes que ellos estaban en la IPiCú sólo para ir a las clases de música y que no tenían por qué pensar en más. 

A la representante de ese salón, le tocó explicarle que por decencia y por estar en una entidad del Estado, cuando se recibe una petición por escrito, lo apropiado es responderla por escrito. Al final de la reunión, presionada por los estudiantes, Manola accedió a responderles por escrito. La representante tuvo que perseguirla, ir todas las noches a la oficina, escribirle por Uatsá durante un mes hasta que por fin, se dignó a responder por escrito. 

Manola no habla claro, a menos que sea para regañar a la maestra de ceremonia del concierto de fin de semestre por leer lo que estaba en el libreto -que decía que la escuela de música de la IPiCú no tiene una sede digna, cosa que no es mentira-, pero no dijo nada sobre la palabrita que esa misma presentadora dejó salir de su boca al finalizar el concierto. 

Manola, a principios de semestre, visita los salones diciéndole a los estudiantes, muy a lo Pedrito Fernández, que no crean nada de lo que dicen de ella. 

Nadie entiende cómo llegó Manola a trabajar en este lugar, sólo es muy notable su amor por hablar pegada al micrófono, muy pero muy cerca, como novios adolescentes que apenas comienzan la relación. 

La última manolada: 
El jueves, el roady del área de música, cuyo nombre no es de interés, pero le dicen, no me consta: "Bigotín", se acercó a los estudiantes de tercer semestre a decirles que el viernes se veían en el concurso organizado por Manola y sus súbditos, digo, subalternos. Los estudiantes le dijeron que no iban a ir porque tenían un examen importante. Mostraron su nulo interés en el concurso, incluso aquella que se había comprometido con un compañero a cantar una canción. Ella misma dijo, que después del examen irían, los que quisieran, a ver la competencia. 

Él, Bigotín, respondió, con actitud de vaca que más mea, de persona que a pesar de ser un mandadero se siente poderoso, con el tono de voz de chofer de traqueto, creyéndose el pipí de Dios: "allá nos vemos".

El viernes, los estudiantes de tercer semestre llegaron al Colegio de Sana Pedrada (lugar temporal, sólo por un año, parafraseando a Manola, donde funciona el área de música de la IPiCú desde septiembre de 2015) a hacer el examen final escrito de la materia más importante.

Cuán grande fue la sorpresa de ellos al escuchar una nota de voz del profesor en la que se excusaba por estar indispuesto y no poder hacer el examen ese día, diciendo además, que éste se reprogramaría para el lunes, a lo que los estudiantes respondieron que por compromisos con el área de música de la IPiCú no podrían asistir.

El lunes por la mañana el profesor intentó nuevamente cuadrar el horario del examen, para el martes a las 7 de la noche. Los estudiantes respondieron otra vez que no podían, por compromisos en la misma IPiCú y así estuvo el profesor intentando fijar una cita con los muchachos. 

Después de leer a los estudiantes, el profesor dijo que a Manola le escribieron un mensaje, solicitando que el examen no se realizara el viernes por el concurso y que (con toda razón) le impactaba que nadie hubiera hablado directamente con él. Los estudiantes, que se conocen bien unos a otros y tienen muy buena relación, explicaron que sólo una persona que ve su clase participaría en el concurso pero que había dicho que iría, después de hacer el examen. Esa persona no dijo nada, porque no había leído los mensajes y cuando revisó la conversación, ya era tarde. 

Sin embargo, esa persona preguntó al compañero a quien le había empeñado la palabra y éste le dijo que él habló con Manola, para pedirle que le permitiera faltar a ella al examen. Ella le recordó, que con quién debió hablar era con el profesor no con Manola y se dio un golpe en la cabeza por ser tonta y confiar en que otra gente podía entender y hacer las cosas como ella las entendía y hacía. 

Ella debió hablar directamente con el profesor, como lo había hecho en otras situaciones parecidas. Sin embargo, le explicó todo, aunque no sabe si él le crea o no. A ella le da rabia que por gente que hace las cosas mal, de mente cerrada, a la que no le importa el bienestar general sino su propio acomodo, que trabaja sin amor ni criterio y sólo pensando en hacer las cosas de manera que no le vayan a quitar el puestico, terminen perjudicados profesores y estudiantes que sí aman lo que hacen. 

Ella les cuenta ahora a ustedes, porque necesita desahogarse, porque le duele que estas cosas pasen en un lugar que es de todos, que se supone que está hecho para llevar "arte a todos" y en el que, tristemente, las cosas se manejen a punta de dimes y diretes. Les cuenta porque no es la primera vez que a ella y a sus compañeros les pasan cosas desagradables en las que está involucrada Manola y porque, sabe que Manola y sus secuaces, digo, el resto de administrativos, se harán los locos con la situación y todo quedará ahí, o en el peor de los casos, si a Manola le molesta mucho esta publicación, se las ingeniará para sacarse la piedrita del zapato.  

*Los nombres han sido cambiados para proteger a quien escribe... y recordando a Manolo. 
** Ídem, pero esta vez, se dedica el cambio al Dioni y a todos los que se le parecen. 
  

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