¡Hombres!

Yo no era de las mujeres que dicen con rabia "todos los hombres son iguales". Cuando mis amigas empezaban a repetir esa frase en las conversaciones, me quedaba callada porque no estaba de acuerdo. No recuerdo haberla dicho ni siquiera cuando estaba ardida por mis fracasos amorosos. Yo no usaba esa expresión hasta que vine a vivir con mi papá. 

Mi papá se crió en una de esas familias en las que la casa parece siempre un hotel. Desde hace más de sesenta años, los Lozano Murillo reciben las visitas de familiares y amigos con dedicación y esmero. Cuando mi papá era niño, mis abuelos hacían que los hijos durmieran en el piso para darle las camas a los visitantes. Mi papá quedó con la hospitalidad grabada en el alma, pero hizo un avance al destinar en su casa un cuarto para los huéspedes y que así los hijos no tuvieran que dormir en el suelo. 

Desde que estoy aquí, el cuarto ha sido usado tanto por hombres como mujeres y casi todo ha estado bien. El único problema, que no soporto y me da ganas de salir a matar gente es que los hombres no orinan dentro del inodoro. A mí no me molesta compartir el baño con otras personas -nunca he tenido uno para mí sola-, o bueno, no me molestaba hasta que vine a vivir con mi papá. 

No entiendo por qué siempre que hay hombres en esta casa y entro al baño me toca limpiar la taza antes de usarla. Ahí es cuando digo que todos son iguales. En realidad sí entiendo por qué me toca limpiar, pues el orín es visible, tangible, oloroso, obvio. Pero no veo por qué no pueden orinar con puntería o por lo menos recoger su desorden ¿Será que se sienten tan bien aquí que se les olvida que no es su casa y orinan como si estuvieran en ella?, ¿o es que cuando eran chiquitos nunca los pusieron a limpiar lo que ensuciaban y quedaron con la mala costumbre? 

Estoy segura de que si una mujer deja algún rastro visible de su menstruación en el baño, en seguida la insultan y la tildan de cochina, puerca, blablabla; pero uno sí tiene que aguantar que ellos dejen todo el inodoro -a veces hasta el suelo- sucio. 

Hombres por favor, aunque su cuerpo haga parte del reino animal, ustedes no lo son.  Entiendan que han recorrido un largo camino en la evolución y ya no necesitan marcar territorio de esa manera,  pueden dejar otro tipo de huellas que nos hagan pensar en ustedes. Piensen que su orín regado por ahí es antihigiénico y hasta antiecológico (porque se gasta más papel). Acepten que ningún pene es sagrado, como tampoco lo es lo que de él sale y limpien la taza después de orinar. Si nunca han hecho una obra de caridad, pueden empezar por ahí.

Ustedes son importantes, aunque muchas veces no nos guste y algunas feministas se empeñen en negarlo, son nuestro complemento y los necesitamos para vivir. Puede que ya no sea como antes y que ya no dependamos de ustedes en casi ningún aspecto de la vida; puede que ya no sean los que proveen el hogar y que en cambio terminen de amos de casa. Sí, a ustedes les toca duro, los tiempos han cambiado y sé que muchos están en crisis de identidad. Para muchos de ustedes ha llegado el momento de despertar su lado femenino y se han vuelto más compasivos, tiernos, cariñosos y dramáticos. Yo preferiría que empezaran por orinar sentados, pero sé que sería mucho pedir, eso solo lo hizo Juvenal Urbino* y porque García Márquez decidió que fuera así.  

Hombres, ustedes pueden hacer mucho bien, pueden cambiar el mundo. Tengan ánimo, unan sus fuerzas, no tengan miedo y limpien la taza que todas las mujeres se lo vamos a agradecer. 



*Personaje de "El amor en los tiempos del cólera" (ver página 22), esposo de Fermina Daza, quien cuando llegó a la vejez y perdió la puntería empezó a orinar sentado.

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