Recomendación navideña
Dentro de pocos minutos empieza diciembre. Llega la navidad, tiempo de amor, de reconciliación. Tiempo de fiestas, regalos y de mirar a los más necesitados. Sí señor, en diciembre todo el mundo se acuerda de los niños pobres, de los hijos de la muchacha del servicio, de hacerle el aguinaldo al que pinta la casa. Es bonito ver cómo en este mes todos estamos más dispuestos a abrir nuestros corazones. Lástima que no todos consigan hacerlo, porque hay quienes creen que la mierda es un buen regalo.
Quiero aclarar que en este momento no estoy pensando en nadie en particular y que si bien, lo que escribiré a continuación pueda sonar a regaño (mi prima dice que me encanta regañar), yo prefiero que se entienda como una recomendación. Dejando eso claro, procedo:
Si esta navidad vamos a hacer buenas obras, recordemos que los pobres también tienen dignidad y no "donemos" basura.
Queridos lectores, nos invito a que en esta época busquemos en nuestros interiores lo mejor y que sea eso lo que demos. Puede ser el interior del bolsillo o del corazón, me da igual siempre que de ahí salgan cosas buenas, porque de nada le sirve a un niño o a un viejito pobre que les regalemos carritos sin ruedas o ropa hedionda a polilla. Ellos de eso ya tienen.
Pensemos en la carita de un niño de la Vía Perimetral, de las faldas de la Popa o de Nelson Mandela y sus alrededores, que va ilusionado a recibir el regalo de algún benefactor. Ese niño, de tres o cuatro años va corriendo, descalzo, con los ojitos brillantes y los cachetes rojos a buscar lo que está dentro del paquete. El sol está caliente, pero hace brisa. Este niño, al que llamaremos Pelaíto, recibe el regalo que le da una persona que nunca ha visto. Pelaíto abraza a esta persona y se va sonriente hasta donde su mamá. Rompe el papel y se encuentra con un sueter manchado o con huecos.
Si ustedes logran imaginar en qué se convierte la sonrisa del niño, entenderán por qué digo lo que digo. Y si no lo entienden, lean dos párrafos más arriba.
No digo que gastemos toda nuestra plata o todo nuestro tiempo en tratar de hacer felices a los más desdichados -porque ese es un trabajo que pocos pueden hacer- sino que a la hora de regalar o donar algo nos pongamos en el lugar de quien recibe y recordemos que a pesar de la pobreza todos queremos lo mejor, que los regalos son para alegrar al otro, no para bajarle más el autoestima al reafirmarle su mala situación; pensemos en que no nos gustaría que nos dieran desechos disfrazados, pues sabemos que la basura se bota y por lo tanto, hagamos a los otros lo que quisiéramos que hiciesen con nosotros.
Feliz diciembre.
Amiga estoy muy orgullosa de ti, me encanto ese escrito
ResponderBorrarawww!! gracias Lau :)
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