El Fin (1)

"No quiero saber más nada de ti", gritó antes de salir de la casa. Llevaba su vestido favorito, uno negro, que él le había comprado y un bolso en el que había ropa para dos días. Tiró la puerta principal y bajó corriendo las escaleras. Entró al carro. Recostó la cabeza contra el volante y empezó a llorar.

Él se quedó inmóvil, viendo cómo ella se iba. Vio cómo la puerta golpeó el marco, quería salir corriendo detrás de ella, hacer algo para que no se fuera, pero no sabía qué. Cualquier cosa que dijera, podría ser malinterpretada por ella. Y él no era de los que dan esos besos de novela, que hacen que las parejas olviden sus problemas y se decidan a luchar por estar juntos. Así que ahí estaba, paralizado para pensar y para actuar. El cuerpo no le daba, las piernas no le respondían. No se pudo mover, ni para regresar al cuarto.

Ella todavía estaba llorando, con la cabeza sobre el volante cuando sonó su celular. Pensó que era él, pero no. Era Clara, que quería saber si iría al baby shower. "No puedo, es el cumpleaños de Angélica, tú sabes que es una reunión familiar a la que no puedo faltar". Prendió el carro y empezó a manejar. No sabía a dónde ir, definitivamente no iría donde su mamá. Se la imaginaba exclamando el "te lo dije" con tanto gusto como lástima y eso no lo podría soportar. No tenía a dónde ir, lo había dejado todo por él y él ya no estaba más.

Anduvo sin rumbo durante una hora, hasta que se dio cuenta de que el carro no tenía gasolina, pero era demasiado tarde, porque ya estaba varada y la estación de servicio más cercana quedaba a varios kilómetros. Intentó llamar a la grúa, pero una voz que le dijo "su saldo es insuficiente" se lo impidió. Eran las 2:47 de la mañana y lo único que faltaba para completar su tragedia era que lloviera. Se bajó del carro y le dio una patada. Volvió a subir.

Los calambres en los pies hicieron que él reaccionara y se moviera. No le puso seguro a la puerta. No se bañó ni se cepilló los dientes. Fue directo al cuarto, se tiró en la cama y ahí quedó dormido. Se despertó dos horas después, sudado y pegajoso, como le pasaba cuando se dormía sin antes bañarse. Eso no le importó cuando vio que ella no estaba a su lado. Hacía un año que durmieron juntos por primera vez y él había decidido que siempre lo haría con ella. Pero ella había elegido algo diferente, que lo cogió de sorpresa. Él no se había imaginado que podría sentir tanto dolor.

Bostezó. La boca le olía a letrina. Se levantó, fue al baño, se cepilló los dientes y se duchó. Volvió al cuarto, pero no pudo dormir. Prendió el televisor y se quedó pasando los canales hasta que amaneció.

Ella se despertó con dolor en el cuello y la mano. Miró el parabrisas y dio un grito al ver que la saludaba un gamín. "¡Qué cambio!", pensó y de inmediato recordó los ojos caídos que tanto amaba. Recuperada del susto y para intentar borrar la imagen anterior, se puso a detallar al hombre que ahora tenía en frente y a tratar de entender lo que decía.

Vio que tenía una camiseta de marca, roída y sucia. Tenía el pelo largo, hasta debajo del mentón, rizado y rubio. Notó que el color de su piel se debía al sol y que en algún momento de su vida, debío ser blanco. Tenía los ojos oscuros y la mirada triste; su nariz era larga, y la boca, pequeña. Ella pensó que era un ser extraño. No escuchaba sus palabras, así que bajó el vidrio. Él le pedía plata, como ella había imaginado. Entonces, buscó en su billetera y vio que sólo tenía un billete de dos mil pesos. Maldijo el ser tan apresurada, pues dejó todo el dinero en el escondite, pero le dio el billete al hombre, con tal de salir de él.

Él saltó de la cama cuando oyó que la puerta se abría. Pensó que era ella, por lo que salió hasta la sala, para intentar arreglar el desorden que había. Se frustró al ver que era la señora del aseo. La saludó y volvió en seguida al cuarto. Al poco rato ella tocó la puerta, traía el desayuno listo. Él comió y le entregó la bandeja. La tristeza no le iba a quitar el apetito, esa era vaina de mujeres.

Cogió su celular, quería llamarla; pero la conocía muy bien y no estaba de humor para seguir peleando. Lo tiró en la cama y se fue a bañar, tenía una reunión importante en el trabajo y no podía faltar por nada en el mundo. Así que salió, sin responderle a la empleada cuando le preguntó por la señorita...

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