Quemémoslo todo

Quememos los miedos, las inseguridades, lo que nos dijeron y nos cambió, las angustias, los rencores, las culpas que no son nuestras, el dolor de otros, ese que absorbimos y nos hace mal. Quemémoslo todo para sanar, para transformarlo y volver a brotar. 

Quememos la injusticia, la falta de oportunidad, las instituciones que en lugar de cuidarnos nos atacan, las estatuas, los edificios que celebran lo que está mal, porque nos hace mal, porque alaban a los violentos, los violadores, los impostores... 

Quememos el sistema educativo, las escuelas que limitan, los maestros que tocan "para explicar mejor", que se aprovechan de su lugar y desde pequeñas nos enseñan que la culpa de todo es nuestra, que está mal ser quienes somos, que el camino para alcanzar nuestras metas es obedecerles cueste lo que nos cueste... Quememos los términos y conceptos, las metodologías, las evaluaciones, los apodos y las burlas, los chismes, los prejuicios.

Quememos el sistema de salud que nos desconoce como sujetos, que desde la barriga de nuestras madres nos ataca, nos violenta; que desde niñas nos enseña que es malo ser flacas, gordas, altas, negras... Que normaliza el dolor en nuestro vientre y nos ofrece como remedio puro veneno, que nos impide parir como queramos, que se rehúsa a operarnos si no queremos ser madres y nos maltrata y nos mata una y otra vez. 

Quememos las empresas que no nos pagan lo que es, quememos el menosprecio y la subestimación. También a las que nos cobran más caro por cambiarle el color a algo que igual necesitamos, a las que nos excluyen, a las que nos dicen que estamos mal para que consumamos sus "soluciones". 

Quememos lo que está escrito y lo que no. Esa lista eterna de cosas que nos afectan y no nos dejan ser, expresarnos, disfrutar. Lo que no se dice, pero está ahí, dominando, organizando nuestra vida interior, nuestra mente y el mundo.

Quememos sin miedo, disfrutemos del fuego, bailemos y cantemos mientras todo se hace ceniza, porque eso que se quema no sirve, daña. Porque eso que va a arder ya nos ha consumido por dentro durante mucho tiempo y quemó también a nuestras madres, abuelas, ancestras. 

Quememos, porque ya nos quemaron una, cien, mil veces sin compasión. Que el fuego que encendamos esté lleno de nuestra fuerza, de nuestro trabajo e inteligencia, de nuestra perseverancia y sabiduría, de nuestras meditaciones, de los momentos de introspección, de nuestra intuición; que sea el fuego de nuestro talento y capacidad, ese que se enciende cuando nos dicen que no podemos, ese que nos mantiene con vida así muchas veces queramos morir.

Quemémoslo todo y dejemos que los que nos temen se asusten, tiemblen, huyan. Que esa llama los calcine y al volver a la tierra, puedan renacer guiados por nosotras, porque después de quemarlo todo, también volveremos al suelo y podremos retoñar mejor, más fuertes, con más vida y amor. 

Seamos ahora nosotras las que prendamos la hoguera. Y sigamos haciendo nuestra tarea, educándonos, fortaleciéndonos, amándonos, perdonándonos, comprendiéndonos, aceptándonos. Ayudémonos unas a otras y ayudemos a los demás. Permitámonos sentir, creer, soñar. Seamos nuevamente brujas y cambiemos todo con nuestra magia, con ese poder que tenemos y que durante tanto tiempo han querido dominar. 

Quememos hoy, pues es el momento. Echemos al fuego todo eso que no sirve y dejemos que él haga su trabajo. Quemémonos también a nosotras mismas si es necesario para cambiar, para transformarnos, cambiar este mundo y nunca más volver atrás.





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