Otra vez

Otra vez estás ahí. Sentada en el piso de tu cuarto, tratando de despedir a ese ser que  sientes amar. Te duele. Mucho. Más porque esta vez fue diferente. Por primera vez no te hizo sufrir. Por primera vez Él no tuvo la culpa, nadie la tuvo y eso te arde más. Sería más fácil decir que Él era un bobo, un imbécil que no te supo amar, pero no. Él sí te amó, te ama y de verdad. Y entonces te preguntas qué pasó, por qué tuvieron que terminar. Por qué si todo era bueno y lindo tuvo que acabar. Por un momento dudas de la justicia de la vida, pues es como si no tuvieras derecho a ser feliz con nadie. Pero en el fondo sabes que eso no es así y te calmas... un poco. 

No eres capaz de moverte, de pararte. Lloras y ya. No tienes ganas de hacer nada más. Vuelves y piensas que es muy difícil todo. Y es que esta vez te cuesta más porque fuiste tú quien lo dejó ir. Fuiste tú quien le dijo "no más". Tú eres la que no puede estar más con Él. Tú eres la que le hace daño. No dejas de llorar. Tienes los ojos hinchados, ya te duele la cabeza, tienes hambre, pero no eres capaz de hacer nada, no quieres hacer nada, solo llorar. 

¿Por qué volver a separarte de alguien a quien amas? ¿Qué gracia es esa? Se te ocurre que la solución es volverte monja, hacer huelga de panties e irte a África a hacer voluntariado. Piensas en tu mamá, en cómo te gustaría estar con ella en este momento, para que te abrace y te sobe el pelo hasta que te duermas sin contarle nada. Otra vez la extrañas. Miras el desorden de tu cama, las puertas del clóset abiertas, la ropa sin organizar. Tu estómago gruñe, si fuera gente te pegaría. Pero tú no quieres comer, no le vas a dar de comer. 

El celular vibra por una notificación. Es un mensaje de ese "novio" que tuviste hace años, ese al que no querías tanto y con el que te sigues hablando porque ajá, no hay necesidad de perder la amistad. Lo revisas y le respondes con cualquier cosa para salir del paso. Hoy no te interesa nada de la vida de nadie, solo piensas en el que se va. 

Y recuerdas cómo había momentos en que no lo querías, cómo lo mirabas y te parecía feo, aburrido, cansón. Eso es una respuesta para ti, no lo merecías y fue mejor dejarlo ir. Pero él te amaba, te ama, sabes que es verdad. Imaginas que conoce a otra, que trata de hacer su vida con ella y que con el paso del tiempo, es feliz. Te arde, te dan celos, envidia, pero sobre todo rabia contigo misma, por no poder amar de verdad. 

Tu conciencia te dice que hiciste lo mejor, que si seguías con él así como estaban, iba a ser peor, porque sería más doloroso para Él darse cuenta de que no fuiste sincera y que realmente no lo podías amar. Y ahí no te iba a escuchar, no iba a querer hablar.  No le iban a importar tus problemas, no te iba a tener más paciencia, no te iba a ayudar más. Simplemente se iría bien lejos y sin ganas de perdonarte.

Tu conciencia te dice que después de un tiempo Él te comprendería y su dolor sanaría, pero ya nunca más podrían volver, porque es muy difícil olvidar que esa persona a la que amaste te mintió. Que te trataría como a una conocida, te saludaría con cordialidad y te enviaría un mensaje de cumpleaños, pero ya no habría más amor. Y aunque escucharla te tranquiliza, no tienes paz. 

La niña caprichosa que vive en ti está haciendo una pataleta, quiere que Él le preste atención. Pero la mujer que tratas de ser le dice que ahora no es posible, porque Él necesita su tiempo, también necesita pensar. Te toca aceptar que eso que le dijiste por la mañana era verdad, que (como siempre) tenías razón, que hiciste lo mejor. Te da rabia tener siempre la razón, pero te consuela saber que por lo menos una vez en la vida hiciste lo correcto. 

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