Sobre Enrique, Martina y la Champeta

Hace una semana recibí un tuit en el que decían que esperaban mi respuesta al artículo titulado "Martina La Peligrosa puso de moda la champeta". Para mí fue una sorpresa porque esperaba que el mundo se hubiera olvidado de mí después de mi respuesta al vale de la diatriba contra Mr.Black y el Serrucho. 

Estuve pensando toda la semana en cómo responder, porque no me considero la defensora oficial de los derechos de la champeta ni tengo un bagaje muy profundo en el tema. Simplemente soy una pelá que creció escuchándola -así como todos los cartageneros que crecimos allá- y que de un tiempo para acá le cogió gusto al género -pues yo también era de las que preferían quedarse calvas antes de reconocer que les gustaba la champeta o que eran champetúas-, al que ahora considero parte esencial de mi identidad cultural. 

También recordé lo que sentí al leer la dichosa Diatriba contra el Serrucho y lo que me movió para responderle al vale, algo muy diferente de lo que generó en mí el artículo sobre Martina. 

Como a muchos cartageneros me molestó el titular, porque es bien sabido que Martina La Peligrosa no es una cantante de champeta, no está metida en el mundo real de la champeta y no es la que ha trabajado para que ésta salga adelante. Sí, la pelá es costeña y seguramente también conoce el género desde hace mucho tiempo, pero ella misma dijo que no es champetúa ni champetera y le doy la razón al decir que no es responsable por lo que se diga de ella. El asunto aquí es un escrito y un titular que fue una gran meada fuera del tiesto. 

Leyendo el artículo, la cosa no era tan grave como podría parecer. Enrique Threebilcock sí afirmó que Martina es la principal artista de la champeta y otras cosas más de ese estilo que obviamente molestarían a la gente, pero por lo menos intentó hacer algo de periodismo al citar otras voces y recordar el papel de los verdaderos champetúos.

Y al ver que hay más falta de conocimiento real que ganas de insultar o maltratar al género, sus representantes y amantes, me desarmé. Porque no se puede comparar el adefesio que escribió Andrés Olarte -desde su innecesariamente proclamada y no constatada condición de niño bien que rumbea en el parque de la 93-, lleno de prejuicios y de lugares comunes frente a los costeños, con éste que simplemente estuvo falto de rigor periodístico, y que fue escrito por alguien que tampoco conoce verdaderamente al género y su historia. 

Viendo el perfil de Enrique, uno enseguida entiende su ignorancia. El vale es egresado de la Universidad Javeriana de Bogotá y para mí eso, sumado a su apellido lo dice todo. Díganme prejuiciosa si quieren, pero para mí eso fue suficiente para saber que él no puede hablar de champeta con argumentos sólidos. Y no lo hizo.

Entonces, pensé en la falta de ética de un medio como Las2Orillas, que publicó mi escrito  sin consultarme -incluyendo la foto que en ese entonces tenía en mi blog- en su sección de Nota Ciudadana, "un espacio generado por nuestros lectores [...]", como si yo les hubiera pedido el favor de que lo hicieran o como si yo fuera su lectora, y que a pesar de que les escribí solicitando que lo quitaran, no lo hicieron. 

Un medio que al parecer aboga por generar disturbios en la red como forma de sobresalir y que no se podía quedar sin alborotar a los costeños, después de que volviera a la vida la Diatriba que publicó Soho hace varios años en un especial de regiones, por la que la comunidad costeña se indignó y que obviamente, le aumentó el número de visitas. Ellos, Las2Orillas, tenían que lucirse y esta vez gracias a Enrique y Martina. 

Al pensar en esas cosas, el mentado escrito perdió importancia para mí, pero seguí pensando en la respuesta que me pidieron, porque me parece que detrás de todo esto hay más cosas que nos deberían poner a pensar como por ejemplo: 
  1. Que es preocupante que los medios de comunicación generen y se alimenten de la rabia de una comunidad para aumentar su visibilidad o para recibir cualquier tipo de beneficio.
  2. Que es muy triste que no nos demos cuenta de cómo somos manipulados y cómo muchos se aprovechan de nuestra falta de inteligencia emocional.
  3. Que nos indignamos por cualquier cosa que pasa en internet y en cambio aceptamos  sin mosquearnos que un alcalde se gaste la plata en repartir sus fotos -con marco incluido- por toda la ciudad; que la universidad de la que el mismo alcalde fue Vicerrector de Desarrollo Institucional y también rector, milagrosamente pase de ser un simple instituto técnico a tener una moderna sede en poco menos de un año sin preguntarnos con qué plata lo logra; que nos cambie el escudo por uno que no representa a nuestra Cartagena sino sus ínfulas de rey y que mantenga los foquitos navideños hasta febrero con toda la tranquilidad del mundo, diciendo que la ciudad (o sea, los cartageneros con sus impuestos) pagará algo así como 2.000 millones de pesos para desmontarlos.
  4. Que todavía vivimos armados y dispuestos a hacernos daño por lo más mínimo, olvidando que lo que necesitamos es sembrar la paz en cada uno, perdonarnos y amarnos, si queremos que las cosas cambien y sean mejores.
Talvez no haya respondido según lo esperado, pero es porque hoy pienso que uno debe elegir qué peleas dar y ésta era una sin sentido, porque así los cachacos escriban lo que quieran, nadie les va a quitar el puesto a los que de verdad han construido y luchado por la champeta, así como tampoco es necesario llenar de insultos nuevamente a alguien que no aprendió de la experiencia ajena y cometió el error de escribir sin suficientes bases. 

Propongo más bien que como cartageneros nos unamos para cosas chéveres y nos pongamos las pilas para construir con las herramientas de que disponemos (como el arte, el deporte, la ciencia y por supuesto la champeta) una ciudad equitativa y libre, en la que podamos vivir tranquilos y en paz.  

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