La María

María tiene 26 años. Hace 18 que baila y hace 4 que está con Daniel. Hoy ella viste una falda larga, zapatos negros de tacón, blusa negra, pañoleta, pulseras y aretes que la delatan. Todos sabemos lo que va a hacer. Daniel viene de azul y rojo, su traje entero con la telaraña en el pecho y botas del mismo motivo. Para él, todavía es Halloween y los dulces le siguen haciendo efecto, pues no se puede quedar quieto. 


Cuando termina la primera canción, el guitarrista saluda y explica que acaban de tocar una alegría, que a continuación sigue una guajira de Niño Josele llamada Alma de Mujer y Daniel lo interrumpe diciendo: "Yo ya sé. Ya estuve aquí en el ensayo". Los más jóvenes de la sala se ríen. Una señora de unos 50 años tuerce los ojos, rechazando la imprudencia inocente del crío y a María le da pena. 

Pasa la guajira y viene una sevillana. El guitarrista la llama "María Isaacs, ven a bailarte esta sevillana". María Isaacs ¿Coincidencia? De todos los apellidos que podía tener una María nacida en Cali, a ella le tocó Isaacs. Empieza la sevillana y mientras María va de aquí para allá entre los dos cuadrados de madera que conforman su tablao personal, yo me pregunto si la habrían molestado mucho en el colegio ¿qué apodos tendría? ¿será que a alguien se le ocurrió algo más creativo que simplemente decirle "La María"? ¿Habrá ganado el examen del libro?

Se ve nerviosa, un poco tensa. No debe ser tan fácil teniendo al público a menos de un metro de distancia, mucho menos sabiendo que Daniel está ahí y en cualquier momento le puede pasar algo. Pero a medida que avanza, va sacando seguridad, ella sabe lo que hace. Levanta una pierna y la vuelve a bajar, con mucho cuidado de no hacer ruido donde no es necesario. El zapateo va en otro momento. "Venga, María", le dice de vez en cuando el que toca el cajón.

Se acaba la pieza y el público aplaude. María se baja del tablado directo a los brazos de Daniel, que no aplaude y en cambio le regala un "Mami, bailaste muy bonito. Te quiero, mami".  Se dan uno, dos, tres picos y el mundo se reduce a ellos dos y nada más.

Una canción de Paco de Lucía; la Baladilla de los Tres Puñales y luego un tango: "María, ven a bailar este tango". La guitarra suena sola y en seguida la siguen las palmas del percusionista y de María. Unos niños detrás de la ventana intentan seguir el ritmo, pero no es tan fácil y desisten. Empieza María y los "olé" del percusionista. Los brazos suben, dibujan círculos, llamas, una faena. La cara hacia arriba, la mirada en el cielo o muy adentro de sí misma, donde encuentra el placer de hacer lo que siempre amó.

Un giro. Otro. Tacón, punta, cambio de frente, tacón, punta, desliza. Respira, escucha la guitarra, los pies con el cajón, la trenza que llega a los ojos después de cada giro. Zapatea. Otra vez. Más rápido. Que los músicos te sigan. Acelera. Más. Un poco más. Tacón, tacón, tacón y olé.

"María, no se siente que viene una bulería..." 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Carta abierta al vale de la diatriba

Manifiesto

Independencia