La pelo rucho acomplejada
Hola, mi nombre es Alexa. Hace seis meses dejé de ser una pelo rucho acomplejada y ésta es mi historia:
Cuando era chiquita odiaba mi pelo. Soñaba con tenerlo como Pocahontas, por lo que verme en el espejo era mi mayor sufrimiento. Peinarme era lo peor que me podía pasar -no sé qué tantas cosas malas me podían pasar a los 5 años, pero peinarme era la peor- y crecí así, luchando con mi realidad.
En 1997 hacía primero de primaria y estudiaba con una niña que me odiaba tanto como yo a ella. Ella era blanca, bajita, flaquita, de pelo claro y liso, muy liso. Yo era "canelita" (negra no, eso nunca), alta, nalgona y pelo rucho. Yo era muy callada y no recuerdo tener muchos amiguitos en esa época. Ella, en cambio, era la niña a la que todos seguían, ella decidía quién jugaba, qué se jugaba, quién ganaba y quién perdía. Recuerdo que una vez le pedí que me dejara jugar y me dijo que no, porque tenía el pelo rucho. Nadie me defendió y en ese recreo no jugué.
Ese año me eligieron para ser la chica simpatía del salón y representarlo en el concurso de talentos que se iba a hacer en el colegio. La única que se quejó de la decisión de la profesora fue ella, su argumento: yo no podía ser la chica simpatía porque tenía el pelo rucho. Ese día llegué llorando a mi casa y le conté a mi mamá, quien para consolarme me dijo que yo sí podía, porque el concurso se trataba de quién tuviera talento y nada más. Al día siguiente, enfrenté la niña y le dije: "¿sabes qué? yo sí puedo ser la chica simpatía, porque yo sí tengo talento y tú no". Le tocó aceptarlo, de todas formas, no se hizo el concurso y eso quedó así.
Por la casa de mis abuelos vivía una niña más grande que yo que se llamaba Yira. Cada vez que Yira pasaba por la casa y me veía, me gritaba "pelo rucho, pelo malo" y yo me ponía a llorar. Mi abuelo siempre me decía "respóndele que tu pelo no es malo, sino el bueno, porque a ti sí te salen todos los peinados que te quieras hacer y a ella no". Nunca tuve el valor de hacerlo. Tiempo después me di cuenta de que a ella le alisaban el pelo.
A los siete años, con motivo de mi primera comunión y después de mi cantaleta, mi mamá decidió hacerme alisar el pelo. Yo salí de la peluquería dichosa, no creía en nadie. Mirta, la peluquera, no sólo me alisó sino que me hizo los gajitos (el peinado insigne de las primeras comuniones) con la pinza, quedaron como los de los comerciales de "rizos perfectos". La felicidad fue absoluta, disfruté la ceremonia, mucho más la recepción; pero sin duda, lo mejor fue que tenía el pelo liso y que ya nadie me iba a molestar más por ser pelo rucho. Sí, claro.
Desde los ocho años peinarme dejó de ser una necesidad, pues ya tenía el pelo "liso". Mi mamá me decía "peínate" y yo me agarraba el pelo de adelante y lo ponía detrás de las orejas. Como no me desenredaba, el pelo de atrás se me volvió una cosa que no sé nombrar. No era un bon bril, porque ya no era rizado; pero era una maraña insondable en la que solo los valientes se atrevían a entrar. Yo me peinaba de verdad cada 3 meses, cuando iba Dilia, la nueva peluquera, a hacerme el aliser. Ella y solo ella era quien lograba hacer que me viera presentable.
Entré a sexto y llamé la atención de un niño de séptimo, el amigo Alberto. Todos los días me visitaba para tocarme el pelo. En esa época, los salones de mi colegio no tenían puertas ni ventanas, solo los espacios donde debían ir. Por ahí era que Alberto se asomaba, me tocaba la cabeza y decía "¡yerda, Alexa, me cortaste, mira!" y me mostraba su dedo índice, pintado de rojo. Yo quería matarlo y él se reía. Sus amigos siguieron su ejemplo y ya no era uno, sino tres los que me visitaban para mostrarme que mi pelo cortaba. No les pegué como quería, porque corrían muy rápido.
La historia con el amigo Alberto siguió hasta que, en octavo, a mi mamá se le ocurrió hacerme trenzas con cabello sintético. Entonces fui tranquila al colegio, peinada, organizada y con el pelo largo, pues mi mamá me hacía las trenzas hasta la cintura. Eso fue simultáneo a un tratamiento que tuve que hacer para que me creciera el pelo, porque de tanto abandono, lo tenía de diferentes largos: adelante y abajo, me llegaba hasta el hombro y lo que estaba enmarañado medía cuatro centímetros.
En noveno, gracias al tratamiento, mi pelo estaba parejo y ya me salían las trenzas pegadas a la cabeza (gusanillo). Yo fui feliz con ese peinado, hasta que a uno de mis primos se le ocurrió decirme que me parecía al Depredador. Afortunadamente, de él sí me podía vengar y al fin y al cabo eso quedaba en familia.
Al año siguiente cambié de colegio y llegué a uno en el que todos, pero en serio, todos tenían apodos. Yo no tenía hasta que me alisé el pelo. Ese día, El Covilla apenas me vio gritó desde el fondo del salón: "¡Daaa, Alexa está pelo lindooo!". Automáticamente quedé Pelolindo y desde ahí sentí que sí hacía parte del grupo.
Terminé el colegio y llegué a la universidad con el pelo largo y mucho más cuidado que en la primaria. Ya no era una maraña, ya me entraba la peinilla con facilidad y yo estaba conforme con él hasta que al Fabi se le dio por decirme que me lo cortara, que no me alisara más, que me dejara el afro, porque se me vería "bien vacilao". No le hice caso porque el Fabi está loco, pero siempre le decía que quería tener el pelo rizado como él. Después, una amiga me empezó a decir que no me alisara porque ese peinado no iba con mi cara y que además, era peinado de blanca, no de negra.
La cantaleta de mi amiga me hizo reflexionar y darme cuenta de que el problema no era mi pelo, nunca lo fue. Mi problema era de actitud. Cuando tenía 5 años yo no aceptaba que era negra, de hecho, a los únicos negros que quería eran a mi papá y mi abuelo, solamente porque eran mi papá y mi abuelo. A los doce, mis tías me amenazaban con que iba a terminar siendo novia de un negrito, bailador de champeta y yo les discutía hasta que mi abuela nos mandaba a callar con un "nojoda". Y cada cosa que tenía que ver con la negritud me aterrorizaba. Para mí era horrible ser negra y detestaba que se me notara en el pelo, pelo rucho. Crecí así, siendo una pelo rucho acomplejada, dispuesta a aguantar lo que fuera con tal de tener el pelo liso, el pelo "bueno".
Lo bueno de crecer es que crecí y me aburrí de pelear con mi pelo. Me aburrí del aliser, de los jalones del cepillado, de la horquilla, del no poder mojarme en la lluvia "porque se me daña el blower"; de solo verme bien tres días a la semana, que es lo que me duraba el dichoso blower; de mirarme en el espejo y sufrir. Me aburrí de todo eso, de no ser feliz conmigo misma, gracias a Dios.
Hace seis meses me corté el pelo, me dejé crecer el afro y debo reconocer que el Fabi tenía razón, está bien vacilao. Ahora afirmo que soy negra y cuando no me creen, digo "mírame el pelo". Peinarme es divertido, canto cuando me lavo el pelo. Cuando veo a las mujeres negras con extensiones, me dan ganas de decirles que se las quiten, porque el afro es más bonito. He llegado hasta a pelear por demostrar que mi pelo es más rucho que el de otros. Ya no sueño con tener el cabello de Pocahontas y quisiera encontrarme al amigo Alberto en la calle, para darle un abrazo.
:)
ResponderBorrarHola Alexa. Excelente relato. Desde hace 18 meses llevo el cabello al natural, de vez en cuando con trencitas... y como dice tu amigo el Fabi, se vacila... Un saludito!
ResponderBorrarMuchas gracias, Jacky! :)
ResponderBorrarme encanta lo que escribes ale :) te quiero amiga :-P
ResponderBorrarMuy buena historia. Sería más chévere si tuvieras fotos en cada uno de los párrafos de las etapas que hablas.
ResponderBorrarA mi me decian brujilda, porque era la unica niña del colegio tan blanca como la leche y tenia el pelo laaaargo y liiizo pero siempre estaba despelucada. Tu hubieses sido una excelente amiga de infancia HAHAHAHA, hubiesemos sido como la nucita!
ResponderBorrarGiselle, muchas gracias... voy a buscar fotos para ponerlas!
ResponderBorrarJajajaja Carolina, habríamos sido muy buenas amigas... las segregadas por el pelo
Que belleza!!. Soy pelo rucho, a mucho orgullo. Me lo alisé una sola vez en la vida, cuando me gradué del colegio y efectivamente sólo me veía bien 3 dias a la semana. Nunca mas lo hice sino que llevo mi afro con orgullo y hoy día es mi mayor sex appeal.
ResponderBorrarME ENCANTO PARECE MI HISTORIA LO MALO ES Q YO AUN NO HE MADURADO
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