Del amor y los bobos

Todas las mujeres sufrimos por amor. A veces hay un espécimen al que amamos, pero es un bobo con diploma y no nos presta ni cinco de atención. En ocasiones, el vale sí nos para bolas, pero porque se le paran las bolas. Puede ser el amigo del que siempre hemos estado enamoradas y nos usa para darle celos a sus prospectos; el ex novio que nunca superamos y que nos enreda la mente cada vez que lo volvemos a ver, así eso sea cada cinco eclipses; el que vimos una vez en el gimnasio, le averiguamos la vida y ni siquiera sabe que existimos. En fin, sea quien sea, sufrimos por alguno.

¿Por qué sufrimos? ¿Por qué somos tan desdichadas? ¿Por qué siempre es lo mismo? Fácil. Porque no nos conformamos con quererlos, sino que queremos que los vales también nos quieran igual a como nosotras los queremos a ellos y como eso no pasa, nos frustramos y comienza el dolor.

Debemos partir de la base de que todos los hombres son bobos. Esa es la primera ley del hombre. En virtud de esto, siendo seres llenos de sabiduría como lo somos, no debemos esperar nada bueno de quien se sabe de entrada que es un bobo. Porque la bobez a la que me refiero no tiene nada que ver con las capacidades intelectuales de los hombres. Muchas de nosotras somos mujeres inteligentes, a las que nos gustan los hombres inteligentes y, sin embargo, son bobos. La bobez de la que hablo es una condición inherente del ser hombre. No discrimina raza, edad, posición social ni creencia religiosa. Todos los hombres son bobos y punto.

Entonces, nosotras vamos por la vida luchando contra esa realidad, en vez de aceptarla y fluir con ella. Todas queremos y esperamos que un día el vale abra los ojos, reflexione, medite, se sacuda la bobez y venga corriendo a decirnos que se dio cuenta de que era un bobo y que nos ama. Pero no, eso no va a pasar. Si un vale hace eso, es mujer. Debemos en cambio, aceptarlos así como son y conformarnos con el placer de amarlos y hacerlos felices, bobos felices.

Aunque no lo creamos, ellos también sufren. Ninguno me lo ha confesado, pero yo sé que en el fondo ellos quisieran sentir como nosotras de vez en cuando, comprender cómo hacemos para durar años enamoradas de la misma persona sin mirar, siquiera por error, para otro lado. Ellos quisieran poder entregarse en cuerpo y alma, sin condiciones, sin medir las circunstancias, sin importarles el que puedan terminar llorando y con trastornos alimenticios porque el ser amado no les correspondió.

Ellos sufren y mucho, porque su bobez no los deja amar. No los estoy defendiendo, porque si quisieran podrían dejarla, pero ella es su más fiel compañera, ya lo dije, hace parte de ellos y no la pueden ignorar. La mayor parte del tiempo los domina sin que se den cuenta. Es como una sirena que los envuelve en su canto y los apresa, para luego devorarlos. Sí, su bobez es más fuerte que todos ellos juntos.

En cambio nosotras las mujeres tenemos una gran ventaja, nosotras estamos hechas para amar. Hace parte de nuestra naturaleza, tanto como llorar. Además, tenemos el don de perdonar. No olvidamos, lo acepto, pero basta con que el vale aparezca con ojos de gato con botas, para que nos hagamos las locas y le demos una nueva oportunidad.

Nosotras debemos sentirnos dichosas porque tenemos la capacidad, el superpoder de adentrarnos en nuestro mundo íntimo y reflexionar sobre el bien y el mal. Nosotras podemos durar horas pensando en ellos, tratando de entenderlos y finalmente, encontrar una explicación que nos basta para seguir amándolos igual. Si a veces no la tenemos, nos la vuelvo a dar: ellos son bobos y en vez de odiarlos, debemos tenerles piedad, compasión porque pobrecitos, no saben lo que es amar.

Por todo lo anterior, lanzo una proclama a todas las que me leen. Dejemos ya de sufrir. Con eso no ganamos nada. Aceptemos la vida como es y a los hombres como son. En vez de coger rabia, perdonémoslos y sigamos adelante. Ellos algún día, seguramente muy lejano, despertarán de ese sueño pesado en que la bobez los mantiene y reaccionarán, madurarán. Para ese entonces, nosotras ya seremos abuelas y estaremos preocupadas porque nuestros nietos engorden.

Pero no importa, lo importante es que vivamos la vida, que la disfrutemos al máximo y que recordemos siempre que lo más importante es amar. Si amamos, así el vale tenga un Phd en bobez cuántica, las que ganamos somos nosotras, porque nuestro corazón crece y eso debe darnos felicidad. No suframos más. Ellos nos necesitan para que les enseñemos con nuestro ejemplo cómo se deben hacer las cosas. Ellos están perdidos en su idiotez, no encuentran la luz al final del túnel y para eso nos puso Dios a su lado. Entonces, no temamos. Adelantémonos a ellos, lleguemos primero a la meta y desde allí, guiémoslos para que encuentren el final. Quizás ahora no nos lo agradezcan, pero algún día lo harán. Y nosotras seremos felices porque veremos que todo habrá valido la pena.

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